Esta semana hago referencia a mi falta de inspiración como consecuencia de la cantidad de nieve caída y del aislamiento que sufre el pueblo de mi espíritu.
Se trata de un pueblo situado en un valle adonde no llegan los quitanieves, y las laderas de la montaña se encuentran cubiertas por un manto calcáreo que absorbe abetos y pinos, absorbe las huellas de los lobos, osos, algún caribú, absorbe mis palabras y mi inspiración; absorbe el eco de mis llamadas, pues llamo a mi musa una y otra vez, y todo lo recoge la falda del monte y lo guarda por si insisto demasiado y entonces me derriba al suelo con un alud.
En este desierto de hielo en el que me encuentro, solamente los granos del frío y del horizonte infinito me dan la mano y me prometen que mañana seguro será mi día. Mañana derretirán la nieve los brazos inmóviles y limpios del sol, y rodarán alineados como ríos todos los obstáculos que impiden a mi inspiración salir a buscar un poema, una chispa, un valor.
Mañana el folio nevado dejará de ser el pueblo enterrado de mi espíritu y se descompondrá en un haz de colores como hace la luz blanca cuando atraviesa el prisma. Se trata de mi arco-iris.
Juan José Romero Martínez.
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